El saco roto de la avaricia

Nos hemos dado cuenta, demasiado tarde, que crecer en términos absolutos (aumento del PIB) no es suficiente. Sin duda hemos seguido una estrategia errónea al no haber alentado la sostenibilidad en el crecimiento. Ciertamente en los últimos años se han producido más esfuerzos emprendedores escorados hacía el lado de la especulación (generan poco valor: poso social y nula sostenibilidad). Si nos sirve de consuelo esto ha sido un mal endémico en la Unión Europea y USA.

No obstante, el caso de Andalucía es especial. No debemos olvidar cuál fue nuestro punto de partida: situación paupérrima lastrada por el olvido a la que se le sometió en el pasado. Sin embargo, Andalucía dispone desde hace más de dos décadas de un marco político y social muy favorable en pro del emprendimiento. Doy fe de ello. Soy uno de tantos botones de muestra de emprendedor surgido de las clases más desfavorecidas que han desarrollado conglomerados empresariales que han creado cientos de puestos de trabajo en Andalucía. Por suerte muchas de estas empresas gravitan en la economía del conocimiento.

Hace unas décadas esta situación era impensable, al existir una oligarquía empresarial inaccesible y una clase política que no creía que debía alentar el emprendimiento desde las clases populares.

Ahora bien, quién ha sido el agente económico encargado de avivar la llama de la especulación, poniendo a disposición del mercado todos los recursos (capital) disponibles. Sin duda las entidades financieras y agencias de rating (estas últimas principales culpables de la crisis de la “subprime”, donde nuestras cajas y bancos no han picado el anzuelo y han salido indemnes debido a su buena actuación).

A priori, el papel que se arrogó las cajas en Andalucía en la “fiesta” fue actuar de barman. En poco tiempo sucumbieron a la llamada de los beneficios “seguros” y terminaron por embriagarse. No hay que olvidar que en esa fiesta de la especulación se obtenían pingües beneficios, los mismos que rondaban los dos dígitos (el primer dígito a menudo superaba el número cinco del ordinal).

En el caso de Andalucía si hay algún agente económico culposo de llenar, hasta hacer reventar el saco, esas eran las cajas de ahorros andaluzas. Su decidida apuesta, anteponiendo la financiación de negocios especulativos versus productivos, ha conllevado que en estos momentos el sistema financiero esté en plena resaca, lastrando a otros sectores productivos que nada tienen que ver con lo sucedido.

Entonces, en qué situación quedarán sectores empresariales que no han participado en esta orgia. ¿Tenemos que pagar los platos rotos? La parálisis del crédito, como consecuencia de la resaca, acarreará graves consecuencias: los préstamos a pymes son cruciales en la creación y devenir de nuevas empresas y, sobre todo, el desarrollo de nuevos sectores de actividad que pueden convertirse en tabla de salvación de la economía andaluza.

Recapitulemos: no podemos aceptar que el sistema financiero andaluz se suscriba a la corriente del quietismo y su posición sea verlas venir. Tiene una responsabilidad y deben asumirla, sin más.

Tomar una posición de riesgo cero va en contra de la misión trascendente de una institución de crédito; y poner filtros donde antes llegaba a pasar un camello por el ojal de la comisión de riesgo, en contraposición de lo está ocurriendo: hoy no pasa ni el hilo más delgado. Simplemente el grifo está cerrado y no se aprueba ninguna operación de crédito.

Esta situación orilla la indolencia y falta de responsabilidad.

El regulador y el gobierno andaluz, sobre todo, tienen que exigir/obligar al sistema financiero a poner dinero en circulación para encaminarlo a inversiones productivas que reactiven la economía. En la actualidad existe una suerte de empresas y empresarios que están dispuestos a seguir invirtiendo en proyectos productivos. El sistema andaluz del conocimiento está preparado para tomar el testigo y convertirse en el motor de una economía a ralentí.

No obstante, si se persiste en esta cerrazón y contumacia las pymes sufrirán una situación irreversible, o lo que es peor, los emprendedores que en estos momentos tienen la ilusión de poner en marcha sus empresas verán cómo sus sueños se convierten en pesadillas. Por su parte, estos alevines empresariales, que por cierto serán los atunes rojos en pocos años, darán alegría a las almadrabas de nuestra economía. No matemos antes de tiempo a estas empresas ahogándolas financieramente por mor de una avaricia desmedida de nuestro sistema financiero.

Hay que estar a la altura de las circunstancias y ahora toca soplar cuando antes tocaba sorber.

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