Jornada de Responsabilidad Social en la Universidad de Málaga

Magnífica Rectora, Adelaida de la Calle, compañeros y compañeras de mesa, autoridades académicas y civiles, amigos y amigas todos/as.

Cuando un acto de este tipo se pone en marcha, siempre hay profesionales que ponen en él su esfuerzo y dedicación. En este sentido, me gustaría agradecer al vicerrector de Calidad y Planificación Estratégica, Carlos Benavides, que junto al secretario del Consejo Social de la Universidad de Málaga, Ramón Carlos Morales y los compañeros del citado consejo, capitaneados por Sebastián Barceló, han logrado que hoy se haga realidad esta jornada. Una jornada dedicada a la Responsabilidad Social.

Mis primeras palabras son para reconocer que la Universidad de Málaga lleva un largo camino recorrido en lo concerniente a la aplicación y al despliegue de políticas y acciones relacionadas con la Responsabilidad Social, y que es justo reconocer aquí y ahora.

Entre otras menciones, premios y reconocimientos recibidos por la UMA tengo que destacar que en la primera edición de los premios que organizó el Foro de Consejos Sociales, esta universidad obtuvo el primer premio en la categoría de Creación de Empresas, una iniciativa que se puso en marcha en Málaga hace más de una década. En este sentido, la UMA ha sido y sigue siendo muy prolífica, poniendo en el mercado cientos de empresas Spin-off. En cierto modo siempre lo ha tenido claro, y en estos momentos de adversidad, el autoempleo y emprendimiento son los mejores antídotos para una sociedad que se tiene que enfrentar a cambios radicales en su modelo económico, para conseguir que el conocimiento sea su principal output.

Como sabéis, tengo el honor y satisfacción de presidir el Consejo Social de la Universidad de Málaga, órgano colegiado en el que están representados todos los agentes sociales y económicos de Málaga. El Consejo Social, como no podía ser de otro modo, apoya decididamente al equipo de gobierno de la UMA, en su labor de impulsar y desplegar todas las políticas y acciones que se recogen en su memoria de Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

No seré yo quien os dé datos concretos o explicación del plan de iniciativas en la UMA en lo referente a la RSC. Tanto la rectora como el vicerrector darán cumplida cuenta de ello.

Sin querer escudarme en la socorrida ironía socrática, pues a buen seguro que muchos de los que estáis sentados entre el público sois más expertos que yo en la materia, en mi condición de gestor empresarial he tenido la oportunidad de agenciarme bagaje suficiente sobre el tema que nos ocupa para poder compartirlo con ilusión e interés con todos y todas.

De este modo, os puedo garantizar que las empresas socialmente responsables obtienen un retorno seguro en el desempeño de esta actividad. En mi caso concreto, sin esas políticas no se hubieran alcanzado los beneficios y el nivel reputacional alcanzados a día de hoy en la empresa que lidero.

Ciertamente, mucho ha tenido que ver la aplicación en la compañía del modelo de Excelencia Empresarial, siendo éste la antesala y el abono necesario para que arraiguen las políticas y acciones de la Responsabilidad Social Empresarial.

Difícilmente una empresa o institución podrá aplicar políticas de Responsabilidad Social si no despliega al unísono los criterios de Excelencia, en su versión del modelo más extendido en Europa, bajo el acrónimo EFQM. Este modelo, por si alguno no lo sabe, es la base del Premio Príncipe Felipe de Excelencia Empresarial, por citar el galardón más relevante que una empresa puede recibir en el territorio del Reino del España.

La RSC es más que comunicar, crear u reforzar una marca. Es sobre todo un código deontológico que impregna a toda la empresa o institución. En este sentido implantar la RSC no es algo que pueda hacerse de hoy para mañana, requiere que el empresario y el equipo de gobierno comulguen con la idea y a través de sus propias actuaciones ejemplarizantes, sean el acicate necesario para el resto de la organización.

Cuando una organización, llámese empresa o institución, pone en marcha acciones encaminadas hacía la RSC hay algo de quid pro quo. Sin embargo, no se debe esperar el retorno en un tiempo o en un formato concreto, pues se estaría equivocando.

Entiendo que una empresa es socialmente responsable cuando es capaz, año tras año, de cumplir de manera holgada con las expectativas e intereses de todos sus ‘stakeholders’, sin excepción. Esto, sin duda, debe ser una condición sine qua non. Como todos sabéis, alcanzar la citada situación es harto complicado, pues muchos de los intereses y las expectativas de esos grupos de interés son contradictorios, o lo que es peor, en ocasiones entienden que para que su trozo de tarta sea más grande hay que quitarle un trozo a otro. Citar como ejemplo a accionistas que piensan que lo primero son sus dividendos y que, si para ello hay que congelar salarios o despedir a empleados, pues adelante. O viceversa. Empleados o directivos por conseguir mayores salarios o bonus exigen a los accionistas que renuncien a sus legítimos dividendos.

Viéndolo desde otro prisma, si en una empresa el tipo de negociación que prevalece es la negociación distributiva, esta situación nos llevará a tensiones antagónicas, ergo un clima tenso, o lo que es peor, una interdependencia negativa entre las partes y al final un conflicto abierto en toda regla. Por tanto, si no conseguimos que prevalezca una tensión sinérgica en el seno de las organizaciones que nos conduzca al camino de la interdependencia positiva, difícilmente la empresa o institución estarán en disposición de desplegar actuaciones con una base de RSC.

Un mecanismo que ayuda siempre será el crear y mantener canales de comunicación formales con todos esos grupos de interés y de ese modo trasladamos un compromiso inequívoco de ser y actuar como organización socialmente responsable.

Pasando a otra idea que os quiero trasladar: sería una simpleza si al final resumiéramos la RSC en la empresa el constituir una Fundación y comunicar de forma proactiva la lista de donatarios a los que hemos colmado con donaciones dinerarias. Esas acciones finalistas no pueden ser el ‘core’ de la memoria de Responsabilidad Social, y para colmo de males algunas empresas ni se molestan en desarrollar dicha memoría.

No podemos obviar la situación macroeconómica mundial que vivimos y la recesión a la que nos encaminamos si pronto no ponemos remedios. En este sentido, llego al siguiente mantra: Europa Continental, Asia y Latinoamérica, con sus lógicas diferencias, han tenido la razón a la hora de aplicar una economía social de mercado versus una economía libre de mercado, que aplican, o mejor dicho aplicaban, los angloamericanos. Por este motivo Europa Continental, preferentemente, ha desarrollado un modelo económico y social muy en la línea de los criterios de la Responsabilidad Social Corporativa. Sin embargo, si nos trasladamos al entorno microeconómico de las empresas anglosajonas, con sus excepciones, suele darse la paradoja de que se publicitan como las más socialmente responsables. Sin embargo no tienen en cuenta el detalle por el cual no pestañean a la hora de despedir a miles de empleados (CITIGroup anunciaba el despido de 50.000 empleados en todo el mundo, más del 10% de su plantilla) con el único objetivo, en muchos casos, de aumentar el beneficio o el valor de sus acciones en bolsa, sin importarles lo más mínimo que sus trabajadores sufran. Yo creo que este tipo de empresas sin escrúpulos no pueden seguir manteniendo la etiqueta de socialmente responsable. Es una total y absoluta anomia lo que está ocurriendo en ese sentido.

Viendo lo que está sucediendo en los mercados financieros y con la burbuja inmobiliaria, cabe decir que no se trata más que de un cúmulo de malas prácticas e impericias por parte de personas que lideraban y siguen liderando (esto sí que es increíble) empresas e instituciones que han permitido este gran marasmo en la economía mundial.

Yo entiendo que la empresa de hoy se debe gestionar mediante un nuevo paradigma fundamentado en el humanismo que necesariamente ha de complementar, que no sustituir, al tradicional economicismo capitalista.

Tengamos muy en cuenta a las empresas e instituciones que aplican y despliegan con fundamentos los conceptos de la Responsabilidad Social. El mercado debe actuar en consecuencia y aplaudir y reconocer a dichas empresas socialmente responsables frente a las que no lo son. Es más, un mercado sensible debería incluso penalizar mucho más de lo que penaliza en la actualidad a esas empresas con empresarios sin escrúpulos que sólo persiguen el enriquecimiento personal y no generan valor social.

No pueden ser tratadas por el mismo rasero empresas que crean puestos de trabajo, o bien mantienen los actuales, frente a empresas que a la más mínima situación adversa destruyen puestos de trabajo.

En el momento de dificultad que nos encontramos, la creación de puestos de trabajo de calidad es sin duda la mayor obra social que una empresa o institución puede hacer por su país, región o ciudad.

¡Ojo! Humanismo no significa renunciar a la obtención de beneficios, pues una empresa que no es rentable en términos económicos no puede llegar a ser rentable en términos sociales. ¿Creéis que puede ser socialmente responsable en estos momentos empresas como Alitalia, General Motors, Citigroup o Lehman Brothers, por citar algunos casos?

Estamos en los albores de una nueva etapa donde la implantación de la RSE en las empresas tiene que ir por la vía directa de un buen gobierno corporativo, con transparencia informativa y contable, con competencia leal, con protección medioambiental, con innovación responsable y ecoeficiencia, con acción social, interna y externa, mecenazgo, y con un sector privado que sea el que apoye el acervo cultural, histórico, patrimonial, artístico y deportivo de un país.

Para finalizar deciros que ahora más que nunca tenemos la obligación, las empresas y las instituciones, de aplicar modelos basados en la responsabilidad social. Es ahora, en situaciones adversas, cuando esas medidas son más necesarias para poder mitigar los efectos de la crisis. Sí. Al final de mi intervención he tenido que mentar la palabra maldita crisis, pero no olviden que la etimología del término crisis es cambio, y cambio es oportunidad. ¡Vamos a ello!.

Muchas gracias a todos y a todas por vuestra atención.

Francisco Barrionuevo Canto, presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga.

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