Ensayo sobre responsabilidad y ética en las empresas y organizaciones

1.1 Etimología del vocablo ética.

La Ética es la búsqueda incesante de bienestar hacía el mayor número de personas potenciales.

Ética deriva del nombre griego ethos, que significa costumbre.

Los latinos llamaban a la costumbre, Mos, de donde se deriva la palabra “Moral”, que también trata de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia. Según José Escapa, la ética para los griegos, en la antigüedad, obedecía a una concepción total del individuo y la sociedad; de la virtud y la verdad, donde la eticidad estaba asociada con el “cuidado de sí” con la “preocupación por sí”. Este precepto era para los griegos uno de los principales principios para las ciudades, una de las reglas más importantes para la conducta social y personal, y elemento fundamental en el arte de la existencia. Progresivamente, la ética ha venido a significar la averiguación rigurosa sobre el bien, esto es, sobre el “debe ser”. Lo que debe ser aunque no sea, o lo que es pero no debe ser. Tal es el objeto de la ética. Pero no se trata en la ética de fijar lo que debe ser el bien sino en descubrirlo, por eso la ética no inventa el concepto del bien; tampoco lo construye, simplemente lo descubre y nos lo muestra.

1.2 Retrospectiva de la Responsabilidad/Ética

Una vez realizada la visión de la ética según los clásicos, entraré de lleno en la aplicación de la ética en el mundo de la empresa y las organizaciones.

La misión de toda empresa y organización debe estar sustentada en valores éticos, sin que por ello se deban arredrar de crear de valor. Todo lo contrario, la creación de valor resulta ser la mejor manera de demostrar que se va por el buen camino.

Los valores éticos juegan un papel trascendental. Por esta razón la ética no debemos manejarla en clave de disyuntiva: ética sí o ética no… Por supuesto ética sí, siempre. Porque actuar bajo el paragua de la no ética sería un atajo que nunca tomaría el buen empresario que ama a su empresa, o en su caso el ejecutivo o líder al que consideramos un buen profesional.

Me viene a la memoria la prodigiosa década de los ochenta y, sin olvidar lo que llevamos de década del siglo XXI, donde la iconografía de algunos líderes empresariales y de entidades financieras compartían un currículum de tropelías, excesos y abusos sin parangón. Épocas en donde practicaban el todo vale, en muchos casos con el plácet de la justicia, gobiernos y de la sociedad en su conjunto. Esta forma de actuar no puede decirse que se sustenta en la ética. El uso de mecanismos algo heterodoxos para alcanzar ambiciosos objetivos y metas. Esas prácticas se aceptaban por parte de la sociedad de entonces, aunque por suerte hoy en día vemos como esos modelos que aún persisten suelen ser catalogados de antihéroes.
Hemos dado pasos de gigante en ese sentido y la sociedad ha madurado en pro de la ética. Mucho ha tenido que ver en ello las nuevas tecnologías, Internet y la proliferación de las redes sociales como medio de comunicación y expresión masiva.

Tenemos una sociedad más madura y responsable que se escandaliza ante los atropellos e injusticias producidos por personas que dejan una profunda herida en la sociedad al desarrollar su impronta egoísta y ególatra.

Las empresas han pasado de ser meros instrumentos al servicio de sus dueños, a ser agentes vitales de la economía y la Sociedad.

Es de reseñar que las buenas prácticas desarrolladas por las empresas y organizaciones resulta ser recompensada por el mercado y por los grupos de interés de manera inmediata. Es decir, que a más actuaciones basadas en la ética, responsabilidad social y conceptos empresariales bajo la égida de la excelencia, mayor retorno a medio y largo plazo. Este tipo de empresa suele brillar más, suele ganar más y crecer más.

Este nuevo modelo de relación empresa/Sociedad hay que incentivarlo sin esperar nada a cambio, a priori. El primer impulso de una empresa socialmente responsable sería la pura munificencia. Aunque los retornos llegan y se fundamentan sobre todo en la adquisición de un mayor nivel reputacional, cuota de mercado y por ende creación de valor, entro otros los beneficios.

Por tanto, a la pregunta: “¿Ética y honestidad?”, la respuesta es: “¡Siempre sí!”. Ya lo dijo una vez Quevedo: “Quien pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra.”

El concepto de ética empresarial va más allá del cumplimiento exhaustivo de las normas y leyes básicas. Por el contrario te puedes encontrar empresas de las que hay que recelar de su prodigalidad, al intentar tapar malas praxis interna con una campaña de imagen basada en donaciones y mecenazgo; y por el contrario actúan de manera insensible aplicando reducciones de plantillas ante el menor atisbo de empeoramiento de sus resultados y/o bajada del precio de sus acciones en el mercado de valores. Resultan bochornosas las decisiones de despidos masivos por parte de multinacionales que creen disfrutar del “label” de empresas responsables y éticas. Más bien me parece una soberbia pamema. La Sociedad no entiende y por tanto rechaza a las empresas que efectúan comportamientos execrables: despidos indiscriminados de trabajadores sin importarles la situación personal de los mismos. ¿Podemos considerar esta actuación como ética? No, en ningún caso. Las empresas deben y tienen que cuidar a sus empleados en toda situación y momento, no sólo en épocas de bonanza y en condiciones económicas favorables, sino también en las mal dadas.

Efectivamente está en niveles muy bajos la deontología empresarial en general ante lo sucedido bajo el imperio de la especulación y los innumerables casos de mala praxis empresarial que han salido a la luz pública. Relativismo alentado por el neoliberalismo económico algo exacerbado que ha provocado que se destruya valor a nivel mundial, lastrando así las economías del mundo entero. Wall Street y lo que ello significa, ha sucumbido a las malas prácticas y falta de ética. La decadencia del actual sistema económico basado fundamentalmente en la especulación financiera e inmobiliaria. Ciertamente todo ello sustentado por un cierto relativismo ético.

Esto se tiene que acabar y espero que otra generación de empresarios tomen las riendas de la economía y así la ética, excelencia y responsabilidad social vuelvan a ser los protagonistas indiscutible en el devenir de la empresas y organizaciones.

Básicamente estos casos han menoscabado de algún modo la buena imagen que empezaban a acumular los empresarios. Por ello, hemos vuelto a perder muchos puestos en el “ranking de popularidad” de cara a la sociedad.

La sociedad no tolera los comportamientos no éticos de los agentes económicos. En ese sentido se producirán cambios importantes en el modelo económico y social, erradicándose en mayor medida la especulación y prácticas poco éticas de los agentes económicos. Cada vez más se está viendo cómo factores de sostenibilidad y medioambientales se achacan al hecho del calentamiento global, lo que está provocando que todos/as seamos más sensibles frente a dichos factores.

La mayoría de las sociedades modernas no aceptan que sigan existiendo conflictos armados y que gran parte de las personas apenas vivan con un dólar diario; todo ello está haciendo cambiar a la humanidad entera con respecto sus valores.

Recapitulemos, las empresas y organizaciones no deben caer en reduccionismos al confundir ética con el cumplimiento exhaustivo de las leyes. Sin embargo las leyes deberían ser un punto de partida sin discusión y el hecho de cumplirlas no debería entenderse como una actuación ética y plantarnos ahí, sin más. Por tanto podemos concluir con el siguiente axioma: no puede existir ética en el mundo de la empresa sin cumplimiento exhaustivo de la legalidad.

En ese sentido apuntar que no hace falta poseer un doctorado en ética para llegar a darnos cuenta qué comportamientos rayan la no ética.

1.3 La Influencia de la ética personal en las empresas.
José Manuel Soto decía: todos admitimos hoy en día la primacía de las personas en la empresa y la necesidad de gestionarla -una creación humana y habitada por seres humanos- de forma humana, es decir, con emoción.

La componente esencial en la empresa suele provenir desde la impronta de las personas que habitan en ella y, máxime los que desempeñan funciones directivas y liderazgo en la misma. Los líderes con su comportamiento influyen más directamente en el modo y la forma en el que se desarrollan comportamientos éticos dentro de las organizaciones, ya que el resto tienden a emularlos, sobre todo en sus comportamientos éticos, y lo peor en los no éticos.

En definitiva la empresa, como organización formada por individuos, se comportará éticamente si cada individuo apoya y soporta sus acciones sobre los principios éticos universales. Y para ello hay que tener desarrollados y desplegados convenientemente sistemas de alerta temprana para detectar cualquier anomalía y, en ese caso, corregirla de inmediato.

Sin duda la persona de vértice que está al frente de la organización suele ser la clave de todo esto. Si esa persona actúa de forma no convencional y justifica acciones que, de alguna manera, no son éticas, lógicamente trasladará a toda esa organización unas pautas de comportamiento erróneas que asumirán como suyas. En cambio para otras pueden ser la causa de su marcha al no comulgar con ellas. Ahora bien, si por el contrario, el líder de esa organización continuamente desarrolla planteamientos éticos y amplia al máximo el despliegue del concepto de ética en su organización, como consecuencia directa las personas de su alrededor van a ser suya esas ideas y directrices.

En el seno de las empresas y organizaciones se podrá incrementar los niveles de ética siempre que seamos capaces de mejorar la distribución y despliegue de la misma, de manera más capilarizada posible, y así asegurar que se dé traslado a todas las capas de la organización.

No creo en las empresas dónde exista un Pater que todo lo que diga y haga haya que creerlo y asumirlo a pies juntillas. Hay que creer en empresas dónde existen órganos de gobierno definidos y en funcionamiento, tanto en el ámbito corporativo como el ámbito operativo, que permitan un liderazgo compartido y repartido. Un poder en muchas manos y no en la de uno/a tan sólo. Dentro del ámbito operativo tiene que haber un director general, un comité de empresa y comité de dirección.

En el caso de Novasoft se ha ido más allá creando un foro que lo conforman más de sesenta profesionales que disponen del mayor nivel de responsabilidad en la empresa.

Por esta razón, mientras más diluida esté la función directiva, mucho mejor y al final no todo dependa del buen/mal hacer de una persona, pues en el caso de que esa persona cambie por sus circunstancias personales, sus vivencias, y algunos problemas que le acucian puede llegar a cambia sus pautas y pondríamos en serio aprieto a la organización.

No creo en las empresas que crecen y llegan a alcanzar un tamaño importante en manos de un único dueño. Es conveniente que llegado ese momento se dé entrada a más accionistas que aporten visiones distintas, nuevos valores y sobre todo diluya el poder omnímodo que suele tener el dueño de una empresa. Sólo de ese modo prevalecerán los intereses generales frente a los intereses personales. Morgan va más allá diciendo que las empresas son organismos vivos y cuando afirma esto quiere decir sobre todo que cambia y se adapta como un ser vivo. Lógicamente lo hace siempre siguiendo las pautas de conducta de las personas que forman la empresa y nunca al margen de ella.

Tengamos en cuenta los siguientes principios éticos que existen y que dependiendo con cuál nos sintamos más identificados así nos irá en nuestro devenir profesional y personal:
1.- El imperativo Categórico de Kant: Actuar de un modo que el actor crea justo para cualquier otra persona en situación similar.
2.- Ética convencionalista de Carr: Los individuos actúan para promover su interés propio hasta el límite de la ley.
3.- La regla del descubrimiento: Pregúntate cómo te sentirías si los pensamientos y los detalles de tus decisiones fuesen descubiertos o revelados a una audiencia amplia.
4.- La regla de oro: Haz a los demás lo que te gustaría hiciesen a ti.
5.- La Ética Hedonística: haz cualquier cosa de tu propio interés. La virtud está incorporada en lo que es significativo o valioso para cualquier individuo. No hay principios morales absolutos.
6.- La Ética de la intuición de Moore: Las personas están dotadas de un tipo de sentido moral con el que pueden aprender lo que es correcto o equivocado. La solución a los problemas morales subyace simplemente en lo que sienten o entienden que es correcto en una situación determinada.
7.- La Ética del Mercado de Smith: Toma acciones egoístas y sigue la motivación de las ganancias personales en los negocios. Las acciones egoístas en el mercado son virtuosas porque contribuyen al funcionamiento eficiente de la Economía.
8.- La Ética de los medios y el fin de Maquiavelo: Los fines valiosos justifican los medios eficientes. El bien común justifica una trasgresión moral.
9.- La Ética del poder y lo Correcto de Nietzche: La justicia se define como el interés del más fuerte. Es ético lo que un individuo tiene la fuerza y el poder de lograr.
10.- Principio de Proporcionalidad de Garret: Haz lo que quieras hacer si existe una razón proporcional para hacerlo así.
11.- Ética profesional: Haz sólo aquello que pueda ser justificado ante los colegas.
12.- Ética utilitarista de Betham/Mill: El mayor bien para el mayor número. Determinar si el daño de una acción está compensado por el bien que genera para otros.

En el entorno de la empresa en ningún caso puede existir ética sin cumplimiento exhaustivo de legalidad. Este axioma tiene sus matices ya que la ética no siempre coincide con la legalidad establecida. Ni todo lo ético es legal a priori. Las leyes humanas no constituyen criterios de moralidad per se.

Conviene señalar lo que no dijo el profesor García Echevarría sobre la ética y el hecho de que no hay que confundir el concepto de la ética empresarial con el de seudoética, cuyas notas más características expongo a continuación:
• El economicismo. La frase manida: “tenemos que ser éticos porque eso es rentable, económicamente hablando”. Encierra en sí misma un concepto que no es propio de una preocupación ética profunda.
• El legalismo. Que mide la calidad ética por las acciones de adaptación a la legalidad vigente.
• El conformismo social o el recurso de aceptar la mayoría como criterio para medir la bondad o maldad de las acciones.

Conclusión: la ética debe ser una sustancia osmóticamente activa dentro de las organizaciones y no sólo letras en un manual de ética y conducta que nadie lee y, que en muchos casos, ni siquiera conocen la mayoría de empleados.

Permítanme poner como ejemplo la empresa Novasoft, al disponer de un código deontológico que impregna su manual de calidad, memoria de excelencia y código de buenas prácticas aprobado y desarrollado por el consejo de administración. Además en el apartado: nuestra razón de ser, documento que está publicado en su página web definen con precisión su misión trascendente, rezumando responsabilidad frente a todos sus grupos de interés. Otro dato a destacar de esta empresa sería que en el año 2008 su memoria de excelencia, basada en los criterios de la EFQM (European Foundation Quality Management), fue premiada con el más alto galardón que una empresa puede recibir: Premio Príncipe Felipe en su categoría de Calidad Industrial. En dicha memoria se destaca cómo se relacionan con sus competidores llevando a cabo lo que defino como marketing constructivo, pues no se trata de ir contra el competidor, sino de buscar fórmulas de colaboración competitiva.

Puedo aseverar que la memoria de excelencia empresarial, manual del empleado, página web, reglamento de organización y funcionamiento del Consejo de Administración, cuyo epítome está basado en la responsabilidad y ética y siempre inspirada bajo las premisas de los criterios de la excelencia empresarial y bajo los principios y fundamentos de la RSC.
Si hacemos un compendio de todos estos documentos se obtendría un código ético muy avanzado alimón con los tiempos de las buenas prácticas empresariales que hoy impera.
La Universidad y las Escuelas de Negocios tienen un papel fundamental en este ámbito, porque al final las empresas se nutren principalmente de egresados de estas organizaciones. En la actualidad tanto la universidad pública como las escuelas de negocios están ayudando muchísimo en ese sentido y los/as jóvenes están viniendo con una mentalidad ética de base. Bien es cierto que ante los descalabros que se han producido en la economía se da la paradoja que los culpables han estudiado la mayoría en las más prestigiadas universidades y escuelas de negocios del mundo.

El “homo honestus” es un producto que se confecciona a partir de unos ingredientes “soft” y que provienen de:
• La educación recibida
• Nivel de formación
• Valores en los que se sustente la persona.

Además tendremos que tener en cuenta sus circunstancias a las que se ven sometidos y el entorno organizacional donde se desarrollen como profesionales. Por tanto, si en esos factores intrínsecos y extrínsecos a la persona predomina la depredación y el “todo vale”…; entonces terminas convirtiéndote en un depredador/especulador y, por ende, en algo que rechaza la sociedad actual.

Las personas, que son al fin al cabo los profesionales que conforman los cuadros directivos de las empresas, son las que se dejan influir por su entorno cercano y lejano, puesto que los fenómenos que han irrumpido con fuerza a través de nuevos canales de comunicación, están provocando que se acelere el proceso de mundialización, transformando al planeta en una aldea global; pero al fin y al cabo aldea.

Corolario: la ética es un ingrediente vital, pues sin él no podríamos desarrollar la misión trascendente de la empresa de manera sostenible: desarrollar productos, gestionar expectativas, ofrecer planes de carrera a nuestros colaboradores/empleados, cubrir los intereses de todos nuestros “stakeholders”.

La no ética es un atajo que no lleva a ninguna parte y que al final lastra a la empresa, más temprano que tarde.

1.4 Relación existente entre el tamaño de la empresa y organización con el nivel de ética y RSC a aplicar.

Podemos aseverar que el nivel de despliegue de una conducta ética en una pequeña empresa es similar al de una gran compañía. Pienso que el tamaño no es un elemento que las diferencien. Lo que sí es cierto es pensar que las grandes compañías invierten más cantidad de recursos en la comunicación y, por lo tanto, en trasladar esas acciones que realizan, muchas o pocas, en pro de la responsabilidad social=ética empresarial.

Algunas de las grandes compañías suelen invertir ingentes cantidades de recursos en mantener canales de comunicación y de ese modo están continuamente comunicando acciones y una imagen supuestamente ética. Entonces hacen que parezca que las pequeñas y medianas empresas, con menos presupuesto para tal fin, no hagan nada en ese sentido y, sin embargo, a ojos del mercado y la sociedad en su conjunto las grandes corporaciones aparecen como las más responsables y éticas.

En la actualidad existe una mayor presión social hacía la empresa. Este hecho está resultando esencial para poner fin a las actuaciones empresariales caracterizadas por un ánimo desmedido de lucro y donde se llega a pasar de puntillas y perder de vista la ética.
Otros factores a tener en cuenta sería la especulación financiera, la seguridad, calidad de los productos o la veracidad de la publicidad que han arraigado en la conciencia de la sociedad que, acostumbrada a la falta de legislación para la satisfacción de tales demandas, exige una actuación de la empresa conforme a los principios y valores éticos preponderantes. Todo ésto hace que una empresa preocupada por la “estética” termina por descubrirse su verdadera intención y al final volviéndose en su contra.

Sería un contrasentido que empresas que generan abultadas cuentas de resultados despidan a sus trabajadores que están cumpliendo con su desempeño, por el hecho de aumentar aún más sus beneficios.

Es más, existen multinacionales que van por ahí haciendo gala de obtención de pingues beneficios y no se cortan a la hora de maximizar los mismos a costa de despidos o de supuestos planes de externalización que lleva implícito tal fin. En otros casos se actúa sin pudor a la hora de mantener políticas de recursos humanos donde impera la no consolidación de plantillas y, por ende, el mantenimiento de puestos de trabajo temporales y, en algunos casos de precariedad extrema. No soy partidario de tratar a los empleados como si fueran un factor de producción inanimado donde puedas prescindir de él en cualquier momento. Esto es clave en la organización y la empresa de hoy. Pensar que está llena de personas y que las personas tienen que tener un tratamiento muy diferente a cualquier otro activo o factor de producción.

Cuando comienza la singladura de una nueva empresa, lo habitual sería que los accionistas hagan las veces de trabajadores. Básicamente la empresa en esta etapa inicial se suele manejar en situaciones de precariedad básicamente. No obstante no debería ser excusa o coartada a la hora de no cumplir con todas sus obligaciones y legalidad. Principalmente, en esa primera fase de dificultad hay que mantener a toda costa unos principios éticos y de responsabilidad, aunque estarán más cercanos a las normas de cumplimiento de la legalidad. Se suele dar la casuística de que el emprendedor debe priorizar el pago a sus trabajadores por encima de sus intereses particulares. De nuevo pongo el caso de los inicios de Novasoft donde los accionistas configurábamos la base de la mayoría de la plantilla, completándose con trabajadores por cuenta ajena. Estos últimos siempre cobraban los primeros en caso de dificultad en la tesorería. Momentos y situaciones habituales en pequeñas empresas que aún no disponen de estabilidad financiera y sus flujos de caja son inestables y poco predecibles.

En esa época Novasoft no tenía cubiertas las necesidades básicas y por ello no pudimos desplegar con mayor profusión un código de conducta ética que fuera más allá del intentar cumplir con la legislación vigente. Ya era un triunfo mantener la empresa a flote y en funcionamiento.

Puedo afirmar que en Novasoft siempre ha estado muy presente la ética como principio fundamental y, conforme ha ido creciendo y evolucionando, ha podido desplegar nuevas capas, incardinadas unas en las otras y siempre desde la ética hasta la responsabilidad social, pasando por la excelencia.

Soy un convencido del siguiente mantra: actuar en todo momento y situación de forma ética siempre resultará rentable, mientras lo contrario se termina pagando más temprano que tarde.

El dilema más serio, desde el punto de vista de la ética empresarial, al que me he tenido que enfrentar: tener que despedir a un colaborador/a. En ese sentido mi escala de valores la tengo muy bien mensurada y por ello siempre he procurado dar todas las oportunidades antes de proceder a realizar el acto más ingrato de la actividad empresarial: despedir. En esos casos se ha dado la paradoja por la cual siempre he tenido menos remordimiento cuanto más alto en el escalafón estaba el despedido. Es decir, recuerdo que los que más gozaban de mayor retribución y disponían de prebendas importantes, y aún así se llegaba a producir en la mayoría de casos un contrasentido, Dios mediante , no contribuían como se les presuponía a la compañía. En ese sentido me veía en la obligación de invitarles a salir de la organización. Sin embargo, el momento del despido llegaban a tomárselo muy mal y casi siempre no reconocían su falta de responsabilidad y entrega requerida , aferrándose al cargo.

Sin embargo tengo un caso que recuerdo con amargura, pues se trataba de un colaborador que no llegó a alcanzar el umbral mínimo de conocimientos y aptitudes técnicas para desempeñar con normalidad sus funciones. A esa conclusión llegué después de que le cambiáramos de equipo en múltiples ocasiones para ver si era un problema de relaciones. Repetidamente los responsables directos de este compañero me dejaban claro que no estaba a la altura y entorpecía el normal funcionamiento del equipo. Recuerdo que el momento del despido fue la persona más generosa y respetuosa que he podido conocer y eso me llevó al convencimiento de que si la persona tiene actitud, al final la aptitud es una cualidad en la que fundamentar mecanismos correctores vía formación o, en su caso, eligiendo el desempeño más adecuado a ese profesional. La vía del despido es la última opción viable.

Pienso que este sería el enfoque que le iría mejor a las empresas, ver a los trabajadores como lo que son, personas, y ser capaces de socializarlas dentro de la organización, buscarles siempre una salida distinta ante una situación que, a priori, cualquier otra compañía sin escrúpulos tomaría el camino del despido.

Es un error pensar que poniendo en marcha medidas coercitivas y de control en el seno de las empresas se puede erradicar el problema de la no ética. Por el contrario pienso que la mejor solución pasa por la educación y desarrollo de equipos, dónde al final las personas se motiven y su propio desempeño y consecución de objetivos sean el modo más eficaz de control. Por consiguiente no hace falta medidas de control directo. Si eres capaz de hacer que la toma de decisiones esté muy capilarizada, es decir, una organización mucho más horizontal, menos piramidal, más matricial, al final terminarás dando a tus colaboradores mayor cuota de responsabilidad. Paradójicamente a mayor cuota de responsabilidad aumenta el nivel de integración e implicación en el seno de la empresa.

A veces es sorprendente cuando las empresas y organizaciones pierden ingente cantidad de recursos y esfuerzos vanos en desplegar mecanismos de control y vigilancia sin resultados. Pongo el caso de la limitación de acceso a internet. Es cierto que en un primer momento la novedad hizo que se dispararan la entrada a páginas prohibidas o páginas poco éticas por llamarlo de algún modo. Sin embargo nos equivocamos si buscamos la solución eligiendo medidas de control de acceso o restricción del uso, no dando así la oportunidad a los colaboradores a que sean ellos, haciendo gala de su madurez, los que usen de manera conveniente este recurso que la empresa pone a su disposición. Por otro lado siempre las medidas restrictivas traen consigo respuestas, por parte de la gran mayoría, de sentimiento de rechazo y en algunos casos sería como poner puertas al campo ya que es muy fácil saltarse dichas medidas. Pero lo más grave resulta ser que la mayoría de los colaboradores se toman este tipo de medidas como una iniquidad, debido a que coarta en mayor medida su libertad y se entiende como falta de confianza de las empresas en sus trabajadores. Por esta razón, insisto, creo que es mejor trabajar la educación, trabajar con sistemas de evaluación continua, y que los mismos compañeros sean los que lleguen a corregir situaciones de mala praxis que se den en algún compañero/a, creando así un caldo de cultivo basado en la confianza y respeto de las libertades. Situación básica para desarrollar el procedimiento de avance sustentado en la ética, excelencia y la responsabilidad social corporativa en el seno de las empresas y organizaciones.

Francisco Barrionuevo
Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara

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