Inoperancia de los Gestores Públicos

Es absurdo observar la poca o nula lealtad institucional que existe entre administraciones gobernadas por partidos antagónicos, provocándose el bloqueo constante de proyectos de interés general. O lo que es peor, dedicar todo el tiempo disponible en destruir buenas propuestas o acciones de otras administraciones de la «competencia política». Esto trae consigo graves perjuicios a una economía que está pidiendo la extremaunción. Los gestores públicos (en adelante gespus) deben despolitizar la gestión, salvaguardándola de la cansina lucha partidista; permitiendo así alentar la creación de valor. Básicamente, mover la rueda de la economía y no poner palos entorpeciendo así el devenir de los acontecimientos económicos tales como: retrasos de apertura de nuevos negocios porque no llega la licencia/permisos requeridos, regulación excesiva, aumento de impuestos, burocracia sin límites, impagos a proveedores… Todo lo anterior infiere pensar que la ciudadanía empieza a estar harta de los tejemanejes entre administraciones gobernadas por los dos principales partidos, y ver que al final todo queda en promesas incumplidas, desde el mismo instante que se plantean. De hecho, el sondeo del CIS muestra que los políticos se han convertido en el tercer gran problema del país para los ciudadanos cansados de verles servir sus intereses antes que los intereses generales. Por ello, hemos pasado de una ciudadanía ilusoria a otra incrédula y desmotivada viendo el ansia de epatar de sus gespus. Todos sabemos y entendemos que no hay dinero, y que los presupuestos tienen que sufrir recortes, por esta razón los proyectos que conlleven poner al poderoso caballero no son posibles en estos tiempos. Y entonces ¿Por qué se empeñan en salir una y otra vez a la palestra prometiendo grandes inversiones? Y si tenemos en cuenta que en muchos casos se hace desde la atalaya de una institución sin posibilidad de invertir un euro… Parece una necedad o más bien una añagaza algo infantil. A veces la estupidez llega a un grado superlativo cuando algún gespu despistado cree gestionar unos presupuestos sin límites. Total, si al final no cumplen sus compromisos suele imperar la lenidad más absoluta. Por el contrario, si un empresario lleva a la quiebra a una de sus empresas, y un juez declara la misma como fraudulenta, el empresario lo termina pagando. En verdad no dejan de aumentar las responsabilidades exigidas a los administradores, directivos y consejeros de empresas en el ejercicio de su cargo. Sólo hay que ver como la nueva ley concursal establece que los administradores de empresas se enfrentan a una posible condena de responsabilidad civil y a satisfacer total o parcialmente la parte del crédito no satisfecho en el concurso. Además el nuevo Código Unificado de Buen Gobierno, desarrollado por la Comisión Conthe, impone sanciones más duras para los administradores desleales.

Mi amigo Moreno Peralta ponía en evidencia cuánto pesaba la administración en un soberbio artículo. Sin embargo, este no es el principal problema. Lo verdaderamente preocupante es qué hacen todos estos funcionarios sin orden y concierto en administraciones, principalmente locales, donde aún no se han definido procedimientos eficientes (en muchas no hay siquiera procedimientos), o bien no se ha acometido una necesaria reingeniería de procesos (cuando no hay árboles que cortar debemos dedicar el tiempo a afilar las hachas). Lo peor que puede pasar en una organización es mantener plantillas ociosas e improductivas, sobre todo porque al final caen en la más absoluta desidia.

Inoperancia de los Gestores Públicos

Artículo semanal publicado en la Opinión de Málaga.

Francisco Barrionuevo
Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara

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