Amar a la empresa para la que trabajas

He tenido la ocasión de comprobar, una vez más, que hay empresas que han creado vínculos con sus trabajadores y directivos más allá del convenio y acuerdos laborales. Me refiero a la existencia de un contrato no escrito, pero a su vez vinculante y biunívoco, basado en la fidelidad ciega a la marca y a su líder. Por supuesto, este tipo de empresas no son sectas ni predican el estajanovismo interesado; simplemente a los trabajadores y directivos les gusta lo que hacen y disfrutan trabajando, se sienten orgullosos de los triunfos de su empresa y partícipes de los mismos. Sin embargo, el primero que se sacrifica y derrocha tiempo e ilusión es la persona de vértice. Así debe ser. A estos bien llamados líderes no les duele en prenda dedicar su vida a la causa, más allá del dinero y de otras cosas materiales de las que ya están colmados. Suelen predicar el estoicismo, y su sacrificio a ojos de otros es su pasión por el trabajo bien hecho, y la ilusión de alcanzar objetivo tras objetivo. Estoy hablando de personas generosas, que sin su participación y entrega sus empresas no habrían alcanzado el éxito, o lo que es peor, muchas de ellas habrían sido absorbidas por el agujero negro de la crisis pertinaz que nos está tocando vivir. A modo de interludio, un buen líder debe crear las bases de las que serán las competencias e identidad corporativa, como son el optimismo, la iniciativa, orientación al cliente y resultados, pensamiento analítico, integridad…

La semana pasada tuve la oportunidad de almorzar con uno de los directivos que despacha con asiduidad con D. Emilio Botín, presidente del Banco Santander. Me refiero a D. Enrique García Candelas. Un gran hombre que lleva trabajando para el Banco Santander treinta años, más de doce al frente de la Dirección General de banca comercial. Él habla de su jefe y de su empresa con una admiración inusitada. Se siente parte de una gran familia como es el Banco Santander, y cada frase suya traspira orgullo de pertenencia. Pero este sentimiento no sólo lo he comprobado en él, pues he tenido la suerte de compartir momentos con directivos y personal de oficina del Banco Santander en Málaga. Todos, sin excepción, hablan igual de su  empresa. Con sus corbatas rojas, símbolo inequívoco del banco y de lo que representa. Verdaderamente puede estar orgulloso el Sr. Botín, pues ha conseguido que su gente adore su trabajo y su empresa.

Éste es sin duda el desiderátum de cualquier líder empresarial; una vez alcanzado este estadio no hay quien pare a esta organización, ya que podrá alcanzar todas las metas que se ponga. Quien lo diría, en tan sólo unos años un banco mediano español hoy es un banco líder mundial y Botín el paradigma de banquero global; salvando las distancias Novasoft hace tan sólo 17 años era una idea y hoy da trabajo a 1.120 empleados del conocimiento, y tiene previsto alcanzar 50 millones de euros de ingresos a cierre de 2010…

En definitiva, y para que la empresa adquiera un nivel de productividad elevado debe darse orgullo de pertenencia en todos sus trabajadores y entusiasmo por el trabajo. Y para que esta situación se dé tiene que existir un líder que insufle valores y trasmita confianza every day.

Amar a la empresa para la que trabajas

Artículo semanal publicado en la Opinión de Málaga.

Francisco Barrionuevo
Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara

Facebook Twitter Delicious Google Linkedin Email Sharethis

Acerca del Autor