Lo peor ha pasado

Con los acontecimientos económicos sucedidos durante la semana pasada, puede ser algo delirante encabezar este artículo diciendo que lo peor ha pasado. Sin embargo, debo confesar que no he perdido la cabeza. Afirmo y mantengo lo anterior basándome en algo que los empresarios debemos tener afinado: el olfato. Un olfato que pocas veces te falla, y si es así, dedícate a otra cosa.

Ciertamente, nuestra economía sigue padeciendo los síntomas típicos de una gran resaca. Sin embargo, España como país comienza a ser muy sugerente para inversores avezados que ven con buenos ojos los precios de gangas de los inmuebles, o que las empresas con fundamentos, y que no han sucumbido a la crisis, están necesitadas de capital, y una fórmula adecuada puede ser la ampliación de capital, tomando así posición en su accionariado. Otro hecho que hará mejorar nuestro rating como país es que se esté culminando por fin el doloroso y costoso proceso de concentración y reestructuración de las cajas de ahorros.

Por todas estas razones los inversores más espabilados (la mayoría lo son) comenzarán en breve a tomar posiciones en un país que, de manera irremisible recuperará las posiciones perdidas en el concierto de las naciones del primer mundo. Además, estos inversores suelen ver con buenos ojos un cambio político. Y ya no se trata de entrar en la disyuntiva de que si los que vienen son peores o mejores que los que se van, simplemente cuando las cosas están mal un cambio es lenitivo, da oxígeno y transmite optimismo. Por tanto, a los que acaban de tomar posición de sus cargos públicos recomendarles que tengan en cuenta la axiología de la política. Los partidos políticos deben cuidar en extremo, mutatis mutandis, el hecho de que sus correligionarios actúen con mayor rigor y apliquen medidas de austeridad internas y externas. Sin duda, el economismo es la madre del cordero y quien no se haya enterado se dará de bruces con la más cruda realidad. De poco importa otros factores si la economía no funciona en un territorio. Por ello, nuestros gobernantes deben ser gestores y darle primacía a esta ciencia por la cuenta que les trae. El refranero lo deja claro cuando dice: dame pan y dime tonto.

No hay que perder de vista que muchos de nuestros políticos padecen un mal denominado disonancia cognoscitiva, pudiendo ser un obstáculo serio para ejercer una apropiada toma de decisiones. Este mal produce un mecanismo curioso: aferrarse a la primera decisión, de ese modo elude, minimiza o manipula todo lo que la niega, para reducir el conflicto interno y su disonancia. No obstante, la realidad nos está poniendo en nuestro sitio, y no hay cabida para disonancia alguna. Las arcas municipales y regionales están limpias como la patena, y este hecho hará reconsiderar las políticas manirrotas del pasado.

Ya tenemos Reforma Laboral y Real Decreto Ley de modificación de los convenios. Suele ocurrir que cuando se trata de una negociación distributiva el mejor acuerdo es el que deja a la partes descontentas por igual. Aunque sigue persistiendo una actitud de interdependencia negativa de las metas entre sindicatos y patronal, y esto lleva a que las partes perciban que lo que el émulo quiere es a costa de lo que la otra parte pierde. No se enteran que el uno sin el otro no van a ningún lado. Que están condenados a entenderse y ajustarse a tenor de la situación que vive nuestra economía.

Lo peor ha pasado

Artículo semanal publicado en la Opinión de Málaga.

Francisco Barrionuevo
Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara

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