La tijera debe estar afilada

He aquí un interesante ensayo de Alberto Alesina, profesor de política económica de la Universidad de Harvard y miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Americana.

Este autor nos da las claves ante la disyuntiva de cómo deben los gobiernos encarar la crisis: reduciendo los gastos del estado o en su caso subiendo los impuestos.

Ahora que el gobierno de España ha dejado meridianamente claro que no va a reducir el gasto público, me centro en lo que considero las superfluidades, es decir duplicidades de las administraciones, CCAA y AALL enfermas de elefantiasis… Y es cuando viene bien evidenciar las enseñanzas que trae consigo el ensayo de este afamado profesor y que está basado en un estudio del FMI realizado en 2011, y en el que se identifican episodios durante 1980 a 2005 en los cuales 17 países desarrollados habían reducido su déficits de manera agresiva. El FMI clasificó cada episodio según la estrategia seguida: “a base de reducir gasto del Estado” “o a base de subir impuesto”.

El autor concluye, junto a varios colegas suyos, que los resultados obtenidos en los países tenían efectos crudamente diferentes: recortes en el gasto hacía que se saliese antes de la recesión, frente a los países que tomaban el camino del aumento de impuestos, en esos casos se observaba que las recesiones en los países estudiados se prolongaban en el tiempo.

¿Qué impide a una economía no caer más cuando baja el gasto del estado, que no hay que olvidar es un componente principal de la demanda agregada? Está claro que algún otro componente de la demanda agregada necesariamente deberá subir para compensar la bajada de los gastos del estado (principalmente de la demanda interna, pues un aumento significativo de las exportaciones a corto plazo solo podremos llevarla a cabo mediante una devaluación de la moneda, aunque esta posibilidad es difícil ante el hecho de que existe movilidad perfecta de capitales. Además, todos sabemos que España está al albur de la política monetaria de la Sra. Merkel, y España hoy por hoy no tiene alineada con Alemania, ni mucho menos, su política monetaria. Más bien están encontradas, y he aquí el quid de la cuestión de nuestros males).

La respuesta que nos da el autor de cómo compensar la bajada del gasto del estado en la Demanda Agregada es clara: aumentando la inversión privada. Todos sabemos que la ecuación de la demanda agregada es la siguiente DA: C + I + G + (X – M). Es decir, si se reduce la G que recoge los gastos del estado, y a la vez sube la I de inversión privada (fue lo que ocurrió en los casos de estudio) se termina compensando la bajada del G (gasto público). Éstas concausas asegurarán la salida de la crisis.

El autor concluye que en sus investigaciones encontró que la acumulación de capital del sector privado se elevó después de las reducciones de déficit vía recorte del gasto público, y ello conllevó a que las empresas invirtieran más dinero en actividades productivas, comprando maquinaria y abriendo nuevas plantas. Después de las reducciones de déficit vía aumento de la factura fiscal, la acumulación de capital cayó. Parece obvio ¿no creen? Pero ¿por qué?

El autor apunta en la línea de que la confianza de los agentes económicos cayera a plomo durante los ajustes a base de subidas de impuestos; parece lógico también. Por el contrario, se elevó (o al menos no cayó) durante los modelos a base de reducir los gastos del estado. Es más, cuando los gobiernos anuncian recortes, están dejando entrever que las tasas impositivas no tendrán que elevarse en el futuro, de ese modo estimulan al empresario (y posiblemente a los consumidores) para ser más activos.

Pero hay una segunda razón por la que la inversión privada se eleva cuando los gobiernos reducen gastos: las reducciones son a menudo la parte de un paquete de reformas más amplia que incluyen otras medidas a favor del crecimiento.

En otro estudio, Silvia Ardagna junto al autor mostraban que las reducciones de déficit que satisfactoriamente bajan proporciones de deudas sobre el PIB y sin provocar recesiones, son aquellos que combinan reducciones de gastos con medidas de desregulación, liberalización del mercados de trabajo y reformas fiscales que conlleven aumento del empleo.

¿Pero si el Estado reduce su gasto, necesariamente hacemos daño a las clases menos desfavorecidas? No en países como Grecia, Portugal, España e Italia, cuyos sectores públicos son tan ineficaces y derrochadores que ellos seguramente pueden gastar menos sin afectar servicios básicos. Incluso en países con sectores públicos que funcionan mejor, el caso de Francia, donde el gastos público es casi el 60 por ciento de PIB, y por tanto hay mucho espacio para la mejora, sin que de nuevo quede afectada las clases menos favorecidas y más vulnerables.

Seamos claros, este conjunto de pruebas aportadas no significan que el ajuste del gasto del estado sea la panacea y asegure así el boom económico. Más bien lo que quiere demostrar el autor es que yendo por la vía de la subida de impuesto será más costoso y llevará más tiempo la salida de la crisis.

En efecto, para realizar un corte limpio la tijera debe estar muy afilada para que los cortes no dejen rebabas. Así pues, con la actitud demostrada por el gobierno español está alargando la crisis de manera innecesaria a base de subidas de impuestos y no atreviéndose a meter la tijera (poco afilada debido a su uso) en la duplicada y a veces triplicada estructura del estado.

Fuente bibliográfica: http://www.city-journal.org/2012/22_4_spending-cuts.html

Francisco Barrionuevo Canto
Consejero Delegado de Novasoft

Acerca del Autor