Publicación Tribuna El Mundo

Estimados,

quiero compartir con vosotros mi última publicación ayer 25 de mayo de 2016 en la Tribuna de el periódico El Mundo que lleva como titular El filiarcado, nuevas reglas de poder en las familias

Podéis ver la publicación online en El Mundo http://www.elmundo.es/andalucia/2016/05/25/57456644268e3ecf4c8b45e2.html

Y aquí os dejo el texto de la publicación:

Se está produciendo un cambio sustancial en las reglas del poder en las familias. Antaño, los padres eran quienes marcaban las pautas en el seno familiar. Unos con mayor fortuna que otros, pero a pesar de los pesares ésto era así. Hoy observo en mi doble condición de profesor de secundaria y padre de dos hijos que ese tiempo pasó. La práctica habitual de los padres con respecto a sus hijos no es otra que la de la sobreprotección como pauta de comportamiento generalizado. En efecto, esta actitud genera un mal endémico que trastoca el equilibrio de poder en las familias. Como consecuencia más inmediata, los hijos hacen casi siempre lo que les vienen en gana, y además no están preparados para la frustración. En efecto, esta actitud no es fruto de un día, pero cuando llega la adolescencia el caso empieza a tomar un cariz melodramático. Viene a colación lo que dijo Ronald W. Reagan: «podemos sermonear a nuestros hijos sobre el despilfarro hasta quedarnos afónicos. O curar su despilfarro sencillamente reduciéndoles la paga».

No vale echar la mirada atrás, y querer así aplicar las reglas del pasado sobre las relaciones paterno filiales en materia de educación y convivencia. Los chicos/as tienen información en tiempo real de lo que quieran, y a golpe de pulgar desde el dispositivo que siempre llevan muy a mano (demasiado a mano diría yo). Los tiempos cambian y la forma de educar debe contemporizarse a este nuevo escenario. Pero ésto no es óbice para que los padres actúen pensando que sus hijos son los mejores, y que cualquier contratiempo que tengan lo consideren una cuestión de estado (¡que no han invitado a mi hijo/a al cumpleaños de su compañero/a! ¡que el entrenador no lo ha convocado para el partido del sábado! Por Dios, qué afrenta…).

Cuando un hijo venga a contar sus problemas lo padres deben mantener una actitud de escucha activa, pues se abre una gran ventana de oportunidad (siempre un problema hay que tomarlo como una oportunidad, pero nada de dramatizar), y es ahí cuando se debe hacer un ejercicio de análisis muy riguroso junto a él o ella. Lo primero, distanciarse del problema, la paternidad/maternidad a veces nubla las entendederas (que sí, que ya sabemos que a un hijo lo queremos más que a nadie. Eso nadie lo duda). Pero caer en la trampa de ponernos en plan padre/madre protector incluso frente a sus profesores, llegando así a horadar el vínculo de confianza padres-profesores; bastante absurdo ¿no creen? Por poner un ejemplo, he visto transigir a padres a la hora de cambiar de colegio al hijo/a por motivos peregrinos aducidos por éste/a, llegándole a dar más crédito que a sus propios profesores. Pero lo más grave es que los padres terminan por doblar la cerviz y acceder a la petición, incluso sin estar de acuerdo en su fuero interno. Es increíble el poder omnímodo que tienen los hijos/as frente a sus padres. Me refiero a fenomenología del filiarcardo o dictadura de los hijos en las familias. En el ejemplo anterior se da una situación de sobreprotección absurda. Padres que entienden que le deben dar a su hijo un entorno a la carta (profesores que lo mimen, compañeros que siempre cuenten con él o ella, que le inviten a sus cumpleaños, etc.) y por esta razón les cambian de ambiente (colegio), y asunto resuelto. Pero cuando esos adolescentes crezcan y vayan a la universidad o empiecen a trabajar, y en ese caso los compañeros de universidad no les inviten a sus fiestas, o se topen con compañeros de trabajo que no les gusten. ¿Los padres también les cambiarán de universidad o de trabajo? En fin, estamos haciendo un pan como unas tortas, y esos padres están cometiendo el error de su vida accediendo a todo lo que le pide su vástago por el hecho de serlo, y sin caer en la cuenta de que a lo mejor no tiene razón o está equivocado. No, eso no, que se frustra y gestionar la frustración de nuestro hijo requiere llevarle la contraria. Y aquí hemos llegado a la relación de causalidad principal. Nuestros hijos/as son así y actúan así porque los padres se lo permiten. Esta es la clave de todo. Por supuesto que cada padre o madre haga la autocrítica pertinente y se aplique las dosis necesaria.

No existe un patrón de comportamiento único, claro está, aunque sí aseverar que la mayoría de padres hoy por hoy pecan de sobreproteger a sus hijos. Sin embargo, lo que deben hacer es afrontar el problema que le haya podido surgir en el colegio con objetividad, quitándole hierro al asunto y no echando más leña al fuego, para que así el niño afronte sus miedos, y lo que es mejor, de manera autónoma. Por supuesto, con el apoyo y desvelo de sus padres, aunque con la distancia adecuada y en colaboración permanente con sus profesores; por cierto sus aliados naturales.

Francisco Barrionuevo
Consejero delegado Novasoft/Novaschool
Profesor de Economía ESO/BACH

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