Déficits en las administraciones locales (I parte)

El escenario comienza a ser dantesco en algunos ayuntamientos, a tenor de las continuas huelgas de trabajadores públicos por mor de no cobrar la nómina. Sin olvidar también a los proveedores que son parte damnificada de esta situación. Proveedores que mantienen trabajadores en sus plantillas y a los que tienen que pagar todos los meses.

Es un hecho muy grave la constatación de que las administraciones locales andaluzas empiezan a incumplir con sus principales obligaciones. En definitiva, estamos en puertas de una debacle en las administraciones locales andaluzas que veremos a ver a dónde nos lleva…

Una vez puesta en evidencia la consabida situación voy a intentar poner mi granito de arena, atreviéndome a dar algunas recomendaciones, y haciendo caso a la advertencia que nos hace el célebre historiador británico Arnold Joseph Toynbee, que venía a decirnos que el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan. Y conste que en mi caso no hay intención alguna de cambiar de profesión.

Un alcalde, como buen nauta, debe preparar a la tripulación para la tormenta que se avecina. Por ello, mi primera recomendación va dirigida a los alcaldes en general, y en particular a los considerados mesías o sátrapas. En todos los casos considero que deben cambiar de actitud y les vaya pesando más su condición de gestor que de político proselitista. Los alcaldes tienen que ver al ayuntamiento como un ente empresarial y social; al fin y al cabo una organización que hay que gestionar con denuedo. Es cierto que hay algunos alcaldes incapaces, y les viene al pelo lo que decía Unamuno: cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee. Ahora bien, no vamos a sorprendernos de la poca o nula capacidad de algunos regidores; no podemos pedir peras al olmo. Sin embargo, me niego a aceptar la manida frase de que un pueblo tiene los políticos que se merecen.

Yendo al meollo del asunto. Los alcaldes, sea cual sea su condición, deben ponerse manos a la obra y desarrollar un plan de negocio. Una de las partes fundamentales de un plan es la definición de un presupuesto realista, sin el apriorismo de que los ingresos se igualarán a los gastos (Dios proveerá), y de ese modo haciéndose trampas en el solitario y aumentando el déficit año tras año. A renglón seguido conviene definir un ramillete de estrategias, y los programas que soporten a las mismas, para alcanzar la mejor situación posible, teniendo en cuenta los factores económicos, sociales, tecnológico, políticos, medioambientales, pero sin dejarse llevar por las limitaciones de la crisis. A cada problema una solución. Esta es la consigna que debe trasladar la persona de vértice de una organización.

Un plan de negocio es una herramienta muy útil, siempre y cuando se involucren todas las áreas funcionales y la mayor cantidad de empleados públicos; pues el hecho de poner a trabajar a toda una organización a bloque es un ejercicio magnífico de corresponsabilidad. Además, al comienzo es necesaria una reunión de lanzamiento de los trabajos del plan, donde el alcalde reúna al mayor grupo de responsables funcionales del ente local.

En definitiva, en política no se consigue nada sin el coraje de asumir desafíos. (La semana que viene el desenlace).

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Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara