Otro año más…

Sísifo, Rey de Corinto, perseverante y tenaz, capaz de enfrentarse a los Dioses Olímpicos y pasar de héroe a villano. Por ello, Sísifo al igual que el buen empresario, hace de su esforzado desempeño su vida, todos los días, sin tregua alguna. La pesada carga que lleva sólo por un instante la aparca, justo en el momento en que la deposita en lo más alto del monte, para escucharla rodar y otra vez vuelta a empezar». Usé esta metáfora en el prólogo de mi libro «El arte de e-emprender en Andalucía», que publique hace unos años. Con el mito de Sísifo pretendía sublimar a los empresarios por la misión cumplida al término de cada ejercicio. La diferencia entre Sísifo y el empresario es que, para el primero, es un castigo eterno el subir la piedra, mientras que, para los empresarios, su trabajo es una bendición. Dejemos los mitos y asumamos que el 2010 no ha sido un año para recordar. Plagado de noticias y situaciones desafortunadas como la escalada del paro, el aumento de la ratio de empresas en concurso de acreedores, la deuda soberana de España con un diferencial insostenible de trescientos puntos básicos con respecto a la alemana.

Las agencias de ratings continuamente amenazando con bajarnos la calificación (y lo hicieron este año). Las cajas de ahorros desaparecidas de la escena económica (actitud muy recusable) y dando la sensación de que están escondidas lamiéndose sus heridas, entes locales en quiebra… La austeridad fiscal y monetaria empieza a dar sus frutos, pero ¿a qué precio? Necesitamos un cierto sincretismo en la política económica de este país, para así salir de este atolladero en el que nos encontramos. En fin, un año para olvidar y del que aprender a la hora de encarar el 2011. No obstante, después de las crisis sobrevienen años de prosperidad. Ya nos lo dijo José cuando interpretó los sueños del Faraón sobre las apariciones de las siete vacas gordas, flacas, espigas… Hasta la Biblia da lecciones de economía básica a muchos empresarios envanecidos, que no aplicaron algunas cautelas lógicas cuando las vacas gordas pastaban a sus anchas. Es consabido que la economía española está insertada en una crisis profunda que nos llega a afectar hasta en el carácter y el ánimo; pero nunca el líder de una organización empresarial debe sucumbir ante los embates de la crisis. Antonio Mingote decía que el pesimista es un optimista informado. Por el contrario, Churchill decía que un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad. Es verdad, la mayoría de los empresarios tienen una cualidad común, que es la capacidad de sobreponerse. No dudan en emplearse a fondo poniendo trabajo y esfuerzo denodado. Otra cualidad a valorar del buen empresario es su capacidad de análisis de la realidad que pisa. Por esta razón debe ser un buen exegeta en base a la información de que dispone sobre la contabilidad y demás indicadores e informes a su alcance. Pero tal y como está el patio, si un empresario mantiene a flote su empresa y no destruye empleo, eso si que es digno de encomio. Y si encima es capaz de crear nuevos puestos de trabajo, entonces sí que debemos considerarlo un héroe. Hoy por hoy, ¿hay algo más importante que crear un puesto de trabajo?

Otro año más...

Artículo semanal publicado en la Opinión de Málaga.

Francisco Barrionuevo
Presidente ejecutivo Novasoft
Presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga
Presidente ejecutivo Fundación Manuel Alcántara