Artículo en El Economista: Investigación aplicada en el aula

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Rara vez asociamos el concepto de investigación con el de educación, la razón principal es la equivocada inseguridad que nos provocan los cambios disruptivos en materia educativa. A estos propósitos atendería la innovación procedente de procesos de investigación llevados a cabo por el que consideramos la piedra angular del sistema educativo, el profesorado. Sin perder de vista que el acto de formar y educar en sí mismo es una actividad propositiva basada en reglas sociales y no en reglas científicas. En efecto, educar/formar es un proceso complejo que difícilmente puedan dirigir desde sus despachos las instituciones, o la política, a pesar de que estas instituciones dispongan de datos, e incluso pudiendo llegar a desarrollar diagnósticos certeros, aunque no siempre es así; pues bien, en esos casos la probabilidad de acertar es baja, debido a que se produce un gap entre la toma de decisión y la puesta en marcha de acciones. De hecho, en la mayoría de ocasiones se da el fenómeno de obsolescencia de los datos de partida. La práctica docente debe adaptarse a los cambios profundos a los que nos enfrentamos en nuestro entorno cercano y lejano. Concretamente, nos referimos a los nuevos empleos que han surgido, la movilidad a la que se verán sometidas las nuevas generaciones a la hora de su desarrollo profesional en concordancia a los nuevos tiempos que les va a tocar vivir. Saltar de empresa a empresa como de flor en flor, será algo consustancial de aquellos profesionales que tienen aspiraciones. Es decir, un plan de formación continuo en el que en su hoja de ruta curricular incluirá estudiar un segundo grado universitario, un par de máster que le den el conocimiento en su especialidad elegida o bien encontrada por azar. Además, llegado el momento de su jubilación con total seguridad no tendrán la merecida pensión. Todo lo anterior serán variables de una ecuación de difícil solución. Estamos hablando de una realidad que arrostrarán los profesionales del futuro inmediato; nos referimos a los alumnos que hoy están en nuestras aulas de Secundaria y Bachillerato. En efecto y, a tenor de los tiempos, cruzar el Rubicón no será nada comparado a los retos del mercado de trabajo y los cambios socioculturales, políticos y económicos. Ahora bien, la formación diseñada para el mundo industrial ha quedado en el olvido. Este tipo de formación no da respuesta a las necesidades de un mercado global, cambiante y bajo el influjo de lo digital. Los cambios continuos sucesivos en los sistemas productivos, financieros, en la tecnología y la ciencia, que están propiciando nuevas pautas de comportamiento, de producción y de trabajo. Todo ello demanda y obliga a que las instituciones educativas orienten sus propósitos educativos a la formación de sujetos holísticamente desarrollados. Individuos con habilidades y capacidades para enfrentarse a los desafíos emergentes de la sociedad del s. XXI, para así participar de forma creativa en el mercado laboral, llevando a cabo un plan de carrera acorde a sus inquietudes. La alternativa pedagógica más acorde a lo comentado sería la que nos propone el profesor José Antonio Marina en su libro la inteligencia ejecutiva. Aquí el autor nos da las claves de cuáles deberían ser las funciones de la inteligencia ejecutiva de nuestros alumnos, exponiéndola de forma magistral mediante el siguiente decálogo: capacidad de detener la respuesta ante un estímulo. Buscar otras alternativas más interesantes; activación de la memoria de trabajo; establecimiento de proyectos; organización de los medios para llevarlos a cabo; control de la atención voluntaria dirigida por nuestros proyectos; autorregulación emocional; iniciación de la tarea; persistencia, gestión del tiempo; metacognición, de modo que la reflexión sobre nuestro modo de pensar o actuar tenga un fin que no sea otro que el de mejorar. La idea nuclear que subyace a este magnífico decálogo no es otra que una suerte de funciones vitales, a través de las cuales nuestros docentes guíen y apoyen a sus discentes durante todo el proceso de aprendizaje. Volvemos a destacar el papel estelar de las profesionales y los profesionales de la educación en todo lo relativo al proceso educativo en los centros escolares. Y da igual cómo se financien dichos centros educativos, es decir que sean públicos, concertados o privados, pues la clave de bóveda radicará en el nivel de participación e implicación del profesorado. De ese modo la fenomenología de la acción investigadora de los docentes deberá estar basada únicamente en la investigaciónacción. Todo ello con el objetivo irrenunciable de mejorar la calidad de los outputs educativos. O lo que es lo mismo, educar en valores a los alumnos que seguramente liderarán los entes o clúster personificados en los agentes económicos, sistema judicial, organizaciones políticas, y el dichoso mercado al que siempre terminamos de culpar de nuestros males. Es verdad que el mercado está manejado por los que gobiernan las macro instituciones extramuros; pues la metáfora de la mano invisible de Smith en la actualidad es una falacia, ya que el mercado no se autorregula, lo regulan y de forma muy descarada a veces. Volviendo al aula y a la actividad investigadora que a todo buen docente se le presupone, el acceso a los datos y a la información es ilimitado, además el uso de las NNTT es un acicate para el docente a la hora de llevar a la práctica su actividad investigadora. Esta nueva realidad es sin duda una palanca de oportunidad sin límites para que la investigación tenga mucho sentido, ofreciendo así un sinfín de herramientas al profesorado. En los centros Novaschool pensamos que solo a partir de una visión global de los nuevos cambios generados en la sociedad es posible diseñar un modelo educativo de calidad. Las nuevas acciones deben plantearse simultáneamente en varios frentes. En puridad, la apuesta de Novaschool por la incorporación de las NNTT en el aula es firme y unánime por parte del profesorado, de hecho, llevamos camino de una década desde que iniciamos un plan coherente y basado en las siguientes etapas: estudio del arte; diseño de modelo educativo; formación inicial del profesorado; dotación técnica en el centro; diseño y creación de contenidos digitales; netbook y evaluación y revisión de logros. Este nuevo paradigma educativo se caracteriza por promover un aprendizaje colectivo y abierto, propiciando el acceso de nuestros alumnos al conocimiento. Con estos objetivos nuestro profesorado se puso a trabajar creando contenidos singulares, adaptados al nuevo perfil de alumnado y sociedad en la que se tendrán que desenvolver, incentivando así un aprendizaje interactivo, significativo y acorde a los tiempos. Grosso modo, enfatizar el elemento causal que supone para el profesorado el autodesarrollo profesional. Todo ello terminará calando en el profesor que tiene un perfil innovador, ergo estará dispuesto a no caer en la rutina, evitando así un déjà vu año tras año. Para finalizar, no quisiera dejar pasar la oportunidad de recordar lo que nos dijo el líder sudafricano Nelson Mandela: Education is the most powerful weapon which you can use to change the world.

Francisco Barrionuevo

Consejero delegado de Novaschool, profesor de Economía ESO-BACH